Mónica y Sandra habían llevado siempre vidas paralelas, estudiaron juntas hasta que se graduaron en una escuela de marketing, entraron a trabajar, casi a la vez, en una empresa de telemarketing que llevaba la plataforma de atención al cliente de una compañía de telefonía y, hasta se casaron y tuvieron dos hijos en un espacio de tiempo similar.
Sin embargo, cuando la empresa redujo la plantilla y se fueron al paro, cada una tomó caminos distintos, Sandra se puso a preparar oposiciones y Mónica, tras unos meses reciclando conocimientos, montó una agencia de comunicación. Al cabo de un año Sandra era funcionaria y Mónica dirigía una pequeña empresa con dos empleados más.


