
Cuando una persona trabaja cara al público se encuentra con muchas situaciones y clientes que ponen a prueba nuestra paciencia y buen estar. Aunque hace unos años que ya no tengo ese rol, me gustaría compartir algunas anécdotas que guardo de una pequeña época en la que me dediqué a vender productos relacionados con la informática (ordenadores, software, impresoras, etc…) en unos conocidos grandes almacenes. En otra ocasión espero poder hablarles también de unas experiencias en un servicio de atención telefónica que no tienen desperdicio.
Uno de los casos consistió en un hombre que pasaba por la zona y que me preguntó con un fingido aire desinteresado “¿Se puede devolver Software?” a lo que respondí que dependía de varios factores y que tendríamos que mirarlo bien siguiendo una política de devoluciones que le comenté a grandes rasgos.
Ante esto me contestó rápidamente que lo tenía en el coche y que era un defecto muy claro. Se fue a toda velocidad y cuando volvió esperó a que me quedara libre rechazando a otros vendedores dejándome al final una situación algo surrealista.
Trajo ante mí el ticket junto a una caja cerrada con su plástico envolvente y le pregunté “¿Lo ha probado?” a lo que respondió “espera un momentito que te lo muestro” mientras con las uñas raspaba las esquinas de plástico que ya pude comprobar que no estaban pegadas del todo. Sacó la caja del interior y me pidió una superficie donde mostrarme el problema.





Desde fuera, desde la óptica del contribuyente, sobre todo si es pequeño, Hacienda (la estatal, la autonómica, etc…) parece un monolito, rígida, y sin flexibilidad alguna. Sin embargo, los que la conocen de cerca saben que no es así. Si hay una política pública acomodaticia, anticíclica, con interpretaciones de todo tipo en función de la partitura económica, esa es la de la política fiscal, ya sea la de altos vuelos o la más doméstica. Sobre todo ahora que, la política monetaria, la política aduanera., los tipos de cambio y las subvenciones a tutiplen han desaparecido como alternativas para nuestros políticos.