
Supongo que todos aquellos de vosotros que trabajéis en áreas de gestión sabéis lo que es un DAFO. Voy más allá: seguramente todos habéis realizado más de uno. Es una de las herramientas más usadas, y a pesar de ello, o precisamente por ello, no excesivamente bien utilizada. Pero partamos de que, el mero hecho de sentarnos, de analizarnos a nosotros mismos, a la competencia, al entorno, es bueno de por si, con independencia de que sepamos extraer todo el potencial de esta veta. Permitidme un pequeño ejemplo, y además de cierta actualidad.
Hoy el Fútbol Club Barcelona acaba de ganar la Copa Mundial de Clubes. Y lo hace en un año en el que muchos criticaban a su técnico por fichar a Cesc Fábregas. Los críticos entendían que había que reforzar los puntos débiles del equipo, y precisamente el centro del campo no era uno de ellos. Apuntaban a la defensa como la parte más floja en efectivos. Guardiola valoró esas opiniones en su justa medida: fichó a Cesc y a un delantero. Reforzó sus puntos fuertes. Algunos vieron en ello un ataque de divismo. Otros, como explica Martí Perarnau en su blog, intuyeron que se trataba de una apuesta de gestión, y lo ilustraban con una anécdota bélica.




El análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) es el método más efectivo para decidir el futuro de nuestra empresa. Sirve para plantear aprovechar las oportunidades que detectemos y afrontar con éxito los envites de nuestra competencia analizando nuestras fortalezas y debilidades.