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Se cuenta que un día, tras un concierto, se le acercó un admirador a Andrés Segovia (si bien la anécdota ha cambiado de protagonista durante los años), y le dijo “Maestro, daría mi vida por tocar como usted”. El guitarrista contestó: “Ese es exactamente el precio que pagué por ello”.
Desde los niveles más elementales de la educación española estamos cometiendo un grave error y es el de olvidarnos de la cultura del esfuerzo. En el mundo real nadie nos regala nada y tenemos que trabajar mucho para lograr pequeños avances.
En el trabajo, como en la vida, hace falta ser constantes, tener empeño y saber hacer sacrificios. ¿Estamos dándoles esos valores a las nuevas generaciones? ¿Dónde quedó el “despacito y con buena letra”?
Posiblemente tenemos la generación de jóvenes más formada de la historia, o al menos la que más diplomas ha obtenido, pero por otro lado es evidente que el nivel educativo no es especialmente selecto en colegios e institutos y que esto se refleja en forma de importantes carencias al llegar al sistema universitario. Además, nuestra cultura parece no ayudar.
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