A la hora de buscar capital para un proyecto empresarial, la mayor parte de los emprendedores suelen recurrir a un circuito standard. Lo primero que se plantean es la financiación, algo que ahora mismo es casi implanteable salvo en determinadas condiciones, cuando éste falla se intenta recurrir a las pequeñas aportaciones de conocidos y si esta falla o no es suficiente se pasa a la busqueda de inversores privados. Sin embargo este recorrido es erróneo porque hay mucha diferencia entre proyectos financiables y proyectos invertibles.
Hay que partir de la base de que financiar es prestar con la idea de recuperar ese dinero con una mínima rentabilidad garantizada. Lo de garantizada es una componente prácticamente imprescindible, de ahí que más allá de la viabilidad del proyecto y de la valía de sus promotores, se busca la capacidad de devolución del capital y las garantías que se pueden ofrecer para asegurar a quién presta que va a recuperar su dinero. El que financia muchas veces no apuesta tanto por el negocio sino por esas garantías.

