
Últimamente, cuando hablo con un emprendedor, con un pequeño empresario, hay una palabra que siempre aflora a su boca: financiación. Todo parece resumirse en dicha palabra. La financiación parece ser el único obstáculo insalvable para crear la empresa, y una vez constituida, se muestra también para algunos como la principal rémora que impide su supervivencia. No comulgo con estas tesis, creo que es tan o más importante el disponer de una buena idea, de una excelente gestión, y sobre todo creo que es fundamental la venta, pero la venta en serio, con margenes, plazos y calidd de cobros asumibles. Eso si que es difícil y eso si que es un obstáculo. La financiación deja de ser algo accesorio a todo el proceso empresarial.
Sin embargo respeto a quien no lo era así y siga empecinado con el mantra del money money. Pues bien, ante las restricciones a lo que antes fue el oasis financiero de la banca privada, las siempre dificiles subvenciones y los aparentemente vacíos bolsillos de los promotores empresariales (curioso), se erige, desde hace tiempo, el mito de un mercado bursátil especializado en pymes, que en España se ha canalizado a través del MAB (Mercado Alternativo Bursátil).

