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Llegan las vacaciones y en muchas empresas organizan las famosas cenas de verano. Su origen hay que buscarlo en las cenas de navidad, una vez instaurada la tradición, había que encontrar la posibilidad de buscar otro acontecimiento a lo largo del año para justificar su celebración. ¡Y que justificante mejor que unas merecidas vacaciones!
Ahora bien, llegadas estas fechas, no es difícil que un compañero se te acerque y te pregunte aquello de “¿Tú vas a ir?”
Cómo toda celebración, las cenas de verano, también tienen sus fervientes admiradores y detractores. Y el éxito de las mismas está simplemente en el ambiente laboral que exista en tu empresa.
Si el ambiente laboral es un ambiente distendido, de colegueo, será un magnífico encuentro que estrechará aún más los lazos. En cambio si el ambiente es tenso (porque no aguantas al jefe, a tu compañero, a la organización, y además no eres sólo tú, si no que este sentimiento está extendido por la empresa) será simplemente una farsa, aunque con un loable objetivo, como es reconducir esa situación o limar esas asperezas.
Además siempre habrá aquel que piense “¿qué hago yo aquí con esta gente si me paso todo el día con ellos?”
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