Algo que se muestra como una sólida pauta en el mundo empresarial es la importancia de las personas. A pesar de que muchas organizaciones empresariales huyen de ello y pretenden imponer la organización, la marca, el equipo que dicen los entrenadores deportivos, lo cierto es que las relaciones se establecen de persona a persona. Al final, que diría Andrés, lo que queda es la marca personal. En base a ella se ganan o se pierden clientes, se vinculan nuevos miembros a nuestros equipos, se negocia en mejores condiciones con los proveedores etc… El mercenario que llaman algunos, el profesional en mi opinión, tiene un activo brutal.
Esta realidad en las grandes empresas esta originando una serie de conflictos. En gran medida, el CRM viene a ser una respuesta empresarial a un Talón de Aquiles que conocen pero no desean hacer público. En las pymes, en los pequeños despachos profesionales, en los negocios, esta situación esta totalmente aceptada. Son negocios muy personalistas. En muchos esta marcada la impronta del fundador o gestor, pero también la de esos empleados, asociados, etc, que son la cara de la empresa.
Pues aquí hay un peligro.

Hace unos meses, Pablo nos adelantó