No se necesitan emprendedores, hacen falta empresarios que inicien nuevos negocios

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El debate político sobre las fórmulas adecuadas para reducir el desempleo ha llegado a la conclusión, con varios meses o años de retraso, de que para crear empleo hacen falta que se creen nuevas empresas y para ello parece que se podría poner el acento en una serie de medidas para incentivar a los emprendedores. Se desconocen cuáles van a ser las medidas, más allá de varios comentarios, pero quizá deberíamos tener en cuenta que, para lograr ese objetivo, no se necesitan emprendedores, hacen falta empresarios que inicien nuevos negocios.

La concepción que tenemos del emprendedor es el de la persona que con su iniciativa pone en marcha un proyecto de negocio, la del empresario es la de la persona que tiene una empresa. Cuando hablamos de emprendedores ponemos especial acento en el proyecto y en la fase inicial del camino, lo que nos lleva al punto en que el objetivo de esa persona es tener una empresa, esto es convertirse en empresario. Precisamente ese es el error, el emprendedor debe ser empresario desde el primer momento, no debe trabajar en su proyecto sino en su empresa y su objetivo no ha de ser el llegar a la línea de salida de la carrera empresarial, sino participar en ella y no abandonar prematuramente la misma una vez que ésta comienza.

Muchas veces la razón de que más de la mitad de las empresas que se crean es España desaparezcan entre 3 y 5 años después de su creación es precisamente la dificultad de que los emprendedores se transformen en empresarios. Quizá el mayor problema es que esa transformación, en la mayoría de los casos, no debería de existir ya que el emprendedor debería ser, pensar y actuar siempre como empresario.

Separar al emprendedor de la realidad empresarial y centrarlo exclusivamente en la fase de planificación y desarrollo de su proyecto es uno de los factores clave que van a desencadenar el fracaso de su iniciativa. Porque más allá de las previsiones, las planificaciones, los planes y los proyectos están los auténticos problemas, la toma de decisiones en tiempo real, la verdadera gestión de recursos y de equipos, los resultados, las sorpresas.

Puede haber casos de emprendedores que no quieren ser empresarios. Hay personas a las que le motiva esa fase inicial de puesta en marcha pero que luego no quieren continuar en la empresa una vez que ésta funciona y prefieren dedicarse a nuevos retos. De la misma manera hay empresarios que no son emprendedores y que por circunstancias están al frente de un negocio pero que no tienen interés para entrar en nuevas iniciativas.

Pero más allá de estos casos excepcionales, lo que realmente hacen falta son personas con mentalidad de empresario y que quieran emprender y poner en marcha nuevos negocios. Personas con inquietud emprendedora, pero que sean empresarios desde el minuto uno. Por eso el acento de la creación de empleo que ponerlo en incentivar y poner en marcha sistemas de formación para empresarios; acabar con las percepciones negativas de lo que significa ser empresario y acercar el mundo empresarial a las personas.

En muchos casos, el sistema actual sirve para que los pocos valientes que se atreven estén entretenidos durante uno, dos o, con suerte, cuatro o cinco años. Que se creen un par de puestos de trabajo y, finalmente, todo se venga abajo y el emprendedor maldiga el día que se le ocurrió montar una empresa mientras piensa a qué se va a dedicar ahora y calcula cuánto tiempo tardará en pagar todas las deudas que ha contratido en el “experimento”. Necesitamos empresarios que tengan iniciativa, no emprendedores que aspiren a ser empresarios.

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Imagen | malojavio. El Saucejo

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