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Emprendedores e inversores: tú a Boston y yo a California

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Supongo que muchos ya sabeis la historia, en “tú a Boston y yo a California” dos niñas, hermanas gemelas sin saberlo, se intercambian los papeles con el objetivo de que sus padres, separados desde hace años, se junten y vuelvan a ser todos una familia de nuevo. La historia es ñoña y la película no muy recomendable si tienes más de 12 años, pero sí ilustra muy bien el caso de los papeles que tienen emprendedores e inversores, la distancia a la que viven unos de otros y la necesidad de que intercambien sus papeles para intentar provocar un acercamiento.

Si uno trabaja con o para emprendedores, si frecuenta sus eventos o, simplemente, si conoce a alguno de ellos seguro que habrá oido comentar las dificultades para captar dinero con el que llevar a cabo sus proyectos. Los bancos no prestan, la mayor parte de los inversores privados no se sabe quienes son y los que se conocen parece que no apuestan firmemente por muchos de los “grandes proyectos” que necesitan capitalizarse. Por otro lado, si has hablado con esos inversores o si has escuchado sus opiniones, éstos se quejan de la falta de proyectos válidos, en resumen unos en Boston y otros en California.

La inmensa mayoría de los emprendedores no se han puesto en el lugar de los inversores, o por lo menos no de una manera objetiva. No han pensado qué buscarían en un proyecto su tuvieran dinero para invertir, no han analizado si eso que exigirían a los demás lo cumplen ellos mismos, si ofrecen unas posibilidades ciertas de éxito que puedan compensar las posibilidades ciertas de fracaso que su proyecto tiene.

Lo mismo se podría decir de los inversores, aunque en muchos casos con matices. El inversor puede ir con unos principios prefijados de manera que aquellas cosas que no cumplan esos principios ya no son tenidas en cuenta, aunque sí haya un potencial real en ese proyecto. Otras veces las condiciones del acuerdo son tan leoninas que es inasumible por parte del emprendedor el llegar a un acuerdo. Y digo con matices porque sí se dan casos, y no pocos, donde los inversores han sido o son emprendedores por lo que ellos sí han recorrido ese camino.

Lógicamente en esta situación quienes tienen más que perder son los emprendedores, que suelen tener muchas más urgencias a la hora de captar capital que los inversores a la hora de “colocar” su dinero. Por eso también dedmos pensar que precisamente los emprendedores han de ser los que más esfuerzos hagan por comprender cómo funciona la mente de un inversor y qué es lo que se debe ofrecer para que éste se decida a apostar por él.

Lo primordial es que esa distancia debe reducirse, que, aunque fuera por un momento y de manera simulada, deben intercambiarse los papeles. Por supuesto eso no garantizaría que todos alcanzaran su objetivo, pero sí serviría para que unos y otros tengan la mente más abierta y comprendan cómo deben jugar sus cartas.

En Pymes y Autónomos | La distancia es enorme
Video | Youtube

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