El despacho sin fotos y españoles por España

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Estaba leyendo el diario Expansión cuando reparé en el vídeo de Enric Pujadas,presidente de Bassat Ogilvy. La noticia se centraba en su despacho, en concreto en la decoración y en la ausencia de objetos personales, el despacho no cuenta con fotos de hijos, nietos o mujer. Tan sólo algún recuerdo como una pelota hecha a base de bolsas de plástico, un regalo de una ONG con la que colaboramos, cuenta. Y premios, infinidad de premios.

Según su teoría, prefiere separar lo personal de lo profesional, esta frase me ha hecho reflexionar. En el fondo es una persona afortunada; primero porque preside una de las agencias más longevas y prestigiosas de publicidad y, por otro lado, desempeña un trabajo que le gusta y donde se siente cómodo así que, ¿por qué va a necesitar fotografías u objetos personales que le reconforten cuando faltan horas para finalizar la jornada?

Españoles por todo el mundo

Están muy de moda los programas donde nos muestran a españoles que han triunfado fuera de nuestro país. Suelen ser ejecutivos, esposas de ejecutivos, mujeres y hombres que por amor recalaron en tierras noruegas, suecas, y hasta en la Patagonia. ¡Se les ve tan felices!. A mí me da la sensación de que esos formatos televisivos contienen un mensaje subliminal: márchate, ¿no te das cuenta de lo bien que se vive fuera?. Ganarás mucho dinero y vivirás en una gran casa, aprende el idioma y tras unos años, vendrá la televisión y les contarás tus proezas.

Pero no sólo ocurre en televisión, en cierto magazine hay una sección dedicada a jóvenes brillantes, y todas las semanas nos muestran algún cerebro privilegiado que ha inventado un aparato excepcional, un experto en informática que ha sido fichado por una multinacional, o unas chicas que han montado su propio negocio: una firma de ropa que triunfa y no dan a basto.

Ya han llegado cartas al director de lectores enfadados que recuerdan que existen otros perfiles de jóvenes (y no tan jóvenes) que también se esfuerzan todos los días, pero quizás con trabajos menos ‘cool’.

Cuando trabajar es descontar minutos

Felipe es un chico que terminó una carrera de esas que te obligan a estudiar tus padres “porque tiene salida”. Acudió a la Escuela de Idiomas y habla-según los diplomas- inglés y alemán, pero lo cierto es que por su timidez, cree que no podría mantener una conversación de más de una frase. Es decir, que ha olvidado todo. No es lo mismo viajar a Londres, que te dé clases un profesor de Cuenca aunque sea con toda su buena intención y profesionalidad, seamos sinceros.

Es domingo y está echando un vistazo a la revista que acompaña al periódico. Precisamente lee la sección a la que aludíamos. De repente, resopla y deja caer el ejemplar. Tumbado boca arriba, con cara de haber dormido poco cierra los ojos y se imagina viviendo en otro lugar.

  • En un país del norte, por ejemplo

  • Otra cultura, otro idioma…, tendría que repasar su inglés

  • Un buen sueldo y ser tratado con respeto

  • ¡Oh! y un horario intensivo para poder dedicar la tarde a sus cosas
  • El corazón le empieza a latir rápido y se incorpora: “mañana es lunes” repite mientras hunde la cabeza en un cojín. Su realidad no pasa por marcharse a ningún lado. Ha conseguido un empleo después de dejar como un millón de curriculums en este último año, y en su casa no quieren ni oír hablar de marcharse fuera. Bastante tienen con pagar los estudios de sus otros hermanos, la hipoteca, no hay dinero para locuras.

    De acuerdo, de acuerdo piensa él, no todo es llegar y ganar un sueldazo, pero podría intentarlo, se lamenta, aunque le falta valor o quizás se haya conformado, sobre todo cuando echa un vistazo a su cuenta corriente y con “eso” no le llega para el billete y sobrevivir un mes.

    El trabajo de Felipe se reduce a una situación compartida entre muchos españoles. Realiza una labor que está por debajo de sus conocimientos y preparación, por lo tanto cobra menos de lo que le correspondería. Su jefe le odia. No soporta que el “chaval” sepa más que él, se aprovecha de su timidez para intimidarlo y nunca darle pie a que comparta ideas.

    Felipe no tiene un despacho. Sí cuenta con una mesa, pero no como la del presidente de Bassat y Ogilvy tan inmensa que en ella realiza reuniones; la suya es diminuta y apenas hay espacio para el ordenador, no tiene ventanas cerca y de vez en cuando soporta algún desaire del gerente, incluso de algún compañero veterano que se cree mejor que él.Eso sí, ha encontrado un aliado en Marcos, que está en su misma situación y a veces le saca una sonrisa.

    Así que cuando llegan los lunes, lo primero que hace es recolocar sus cosas. Su tabla de salvación emocional: una foto de su chica y él en una escapada hace como cuatro años. Detrás de ellos hay un paisaje verde, grandes montañas y un cielo azul brillante. Los dos sonríen y se les ve felices. En ese momento tenían muchos planes. Ahora también están enamorados, aunque ella esté desempleada y le haya dado por estudiar inglés, alemán y chino y se vean poco. Tuvieron que dejar de vivir juntos y él ha regresado a casa de sus padres.

    Estoy convencida de que si pudiera hablar con el señor de la mesa inmensa y que separa lo personal de lo profesional, le diría que en ocasiones, si no fuera por lo personal, el trabajo-al menos el suyo- no saldría adelante. También le comentaría que siente envidia sana porque es un privilegiado: hace lo que le agrada. Suspira. Se incorpora y mira su teléfono: tiene un mensaje, es Ella. Sonríe. Al fin y al cabo de alguna manera él es también afortunado aunque no sea en lo laboral.

    Quizás haya llegado el momento de dar una patada a la timidez y buscar trabajo en otro lugar, eso sí, no yéndose a la aventura como muchos otros, aunque por otro lado quedarse en su país, con la persona a la que quiere, también puede ser una opción para emprender nuevos retos. ¿Acaso no hay futuro para los emprendedores en España?

    ¿Por qué no emprender aquí? o ¿por qué no intentar disfrutar de su trabajo mientras planea su proyecto? Mientras las ideas recorren su cabeza toma el teléfono y piensa en cambiar la foto de su mesa por una reciente. Tal vez él también sea un joven fantástico aunque nadie venga a su casa a entrevistarle o a hacerle unas fotos. Luchar también es un gesto de valentía, y en eso él tiene un master que comienza en cuanto suena el despertador cada mañana, cinco días a la semana.

    En Pymes y Autónomos|La aventura de emprender,Las tres mentiras para no emprender

    Imagen|deiasinatora

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