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Carta a una recaudadora de impuestos

Carta a una recaudadora de impuestos
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La semana pasada leí una carta que una recaudadora de impuestos envió al blog de Ignacio Escolar. En esa carta se queja amargamente del fraude fiscal sistemático que autónomos y micro-pymes llevan a cabo. Hace especial mención al sistema de módulos y denuncia, explicitamente, al colectivo de taxistas.

Sin ánimo de polemizar, teniendo en cuenta que estoy de acuerdo en que el sistema de módulos es un auténtico desastre y que no voy a ser tan ingenuo como para negar que hay economía sumergida en muchas actividades que autónomos y pymes realizan, si me gustaría resaltar que me indigna el calificativo de sistemático y el afán que últimamente se pone en destacar a este colectivo como instigador y asíduo beneficiario de las prácticas “en negro”.

En primer lugar, fuentes de Gestha (sindicato más representativo del Cuerpo Especial de Gestión de la Hacienda Pública) indicaban hace poco que la economía sumergida achacable a los autónomos y pymes apenas supera el 10% del total, señalando que son las grandes corporaciones las que, gracias a complicados entramados societarios y movimientos en paraisos fiscales, generan la inmensa mayoría de las prácticas fraudulentas.

Se pone el acento en los más pequeños como responsables siendo el colectivo más sencillo de inspeccionar y descubrir, de hecho son los que centran el mayor esfuerzo de la administración, ya que el control de las grandes compañías requieren más trabajo y muchas veces cuentan con grandes equipos financieros y legales que hacen que la labor de inspección sea misión imposible. De hecho no es extraño que se abran inspecciones pactadas en las que se decide entre las partes cuanto pagar para ahorrarse trabajo y tiempo, independientemente de que la cantidad que se pudiera descubrir y reclamar fuera mucho mayor.

El sistema de módulos es un foco de negocios “ocuros“, eso es así. Pero entonces que se cambie y no se recurra a la generalización y al desprestigio de un colectivo por las sospechas de algunos. Si se sabe lo que ocurre, que se actue, se descubra a los que se aprovechan de ello y no se implique a los demás.

El hecho de que el 25% del PIB se mueva dentro de la economía sumergida es una barbaridad y habla muy mal tanto de los que operan de ese modo como de los encargados de descubrirlos. Extender la sospecha sobre todo el mundo y poner el acento en colectivos que, en realidad, tienen responsabilidad menor sobre ello no ayuda a crear una cultura que favorezca la actividad y el surgimiento de nuevos empresarios, ni a tener un concepto de ellos más acorde con la realidad.

En Pymes y Autónomos | La economía sumergida no es un efecto de la crisis
Imagen | Aztlek

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