
Ni tu marca, ni tú vais a agradar siempre. Ese es un principio que hay que tener claro desde cero para evitar decepciones innecesarias. Ni tu mensaje, ni tu imagen, ni tus contenidos, ni tus productos serán del gusto de todos y, por tanto, hay que saber gestionarlo. Pero, teniendo eso claro, surge una pregunta: ¿Es mejor que hablen de ti, aunque sea mal? Mi opinión personal es que no, pues esa filosofía tiene más inconvenientes que ventajas. Sin embargo, debe ser cada compañía la que ponga en una balanza los pros y contras y decida si toma más riesgos.
Fue Óscar Wilde el que abrió la veda: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti y es que no hablen de ti”. Generar indiferencia no es un buen paso, ni mucho menos. Pero, de ese gris indiferente a traspasar los límites de la polémica como sistema hay un trecho importante. Frente a esa frase célebre del escritor fue el artista español Salvador Dalí quien puso el contrapunto muchos años después: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.
Otro de los argumentos que esgrimen los defensores de esta filosofía es que se huye de una imagen gris, poco humana por su falta de aristas. Parten de la base de que un mensaje no puede gustar a todo el mundo. Se resume en la frase del archiconocido Risto Mejide: “Si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada”. Aquí, haría una apreciación: de no gustar a molestar sigue habiendo un terreno que, desde mi punto de vista, no es corto y sí arriesgado.
Y el último de los principales argumentos es: recorres un camino que, a la postre, recorrerás tratando de agradar a todo el mundo. Es decir, abrazar la polémica antes de empezar es adelantarse a lo que puede ocurrir con tu mensaje, quieras o no.
Pero hay otro argumento aún más claro: se puede evitar la indiferencia en tu marca, sin molestar. Como decía más arriba respecto a la frase de Mejide, de no agradar con tu mensaje a, directamente, ‘agredir’ en cierta manera a una parte de tu audiencia hay un territorio que hay que cubrir. Se puede vender una imagen positiva que no agrade a una parte de tu público, pero que no supongo una molestia o una ‘agresión’.
En el otro lado se encuentra Coca-Cola, una compañía que centra su mensaje en el optimismo, la positividad, la superación, la felicidad… A simple vista puede resultar algo ‘buenista’, pero sólo hay que recordar algunas de sus campañas para concluir que es una elección muy acertada por muchas razones.
Es por eso que reivindico la utilidad de una filosofía positiva, lejos de las polémicas artificiales para ganar atención. Ésta se puede lograr de muchas formas y está más que demostrado. Está en tu mano elegir la forma de conseguirla y el precio que pagarás por ello.
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