
En su día, poco después del lanzamiento de la famosa Supercuenta, el Banco de Santander tomó una decisión estratégica, aunque a algunos no se lo pareciese. La eliminación de la preposición “de” de su marca comercial, pasando a ser Banco Santander. Creo recordar que fue MacKinsey la consultora que lo recomendó. Se trataba de eliminar las connotaciones localistas, más propias de un Banco regional que de una entidad que en su fuero interno buscaba hacerse con el liderazgo del sector en España. Este fue solo el primer paso de una tendencia clara en la gestión de la marca del grupo.Y cuadra con una corriente dominante en materia de denominaciones de empresa, que conduce a un cierto minimalismo. Aprendamos de ellos, aprendamos de la Historia.
Tras la absorción del BCH, el grupo fue conocido como BSCH, aunque por escaso tiempo. Al poco se quitó la palabra Banco de la marca. La explicación era doble. Por un lado todo el mundo identificaba al grupo con la Banca, por lo que se hacía innecesario, redundante. Pero por otro, realmente el grupo, como otros tantos gigantes bancarios era mucho más que un banco clásico. Era una corporación de servicios, de empresas, de sesgo financero, pero no exclusivamente bancario. El golpe definitivo fue cuando su marca se quedo en Santander. El de y el Banco se quedaron por el camino. Pero no es el único caso.
Pensemos en firmas legales, jurídicas. Pensemos en Garrigues. Observemos su web. el caso es similar a la última evolución del Santander. Una sola denominación, aunque pueda haber más socios, y una ausencia a una referencia expresa habitual en otros lares (bufete, abogados, etc….). Todo el mundo sabe a que se dedica Garrigues. Son abogados si, pero también algo más. Y ahí es donde quería llegar.
A la hora de gestionar la marca, el nombre comercial de nuestra empresa, conviene no mirarnos en exceso el ombligo, en pensar en lo que somos. Es mejor acordarnos de lo que somos para el cliente, y de lo que deseamos ser, de lo que evocamos y de lo que deseamos evocar. A un cliente le da igual que seamos abogados o asesores tributarios. El lo que quiere es que solucionemos sus problemas fiscales, que satisfagamos sus necesidades. ¿capta nuestra marca dicha esencia?
Digamos que Ludwig Mies Van Der Rohe y su Menos es Más tienen algo de razón. Sólo quedándonos con lo esencial, con el cogollo de lo que somos, sin los oropeles con que nos solemos vestir, seremos capaces de transmitir mejor lo que somos y de ampliar nuestra visibilidad y nuestra influencia. El día que sepamos que nuestra marca, aunque sea a nivel local, es plenamente identificable de dicho modo, podremos estar satisfechos.
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Comentarios
interesante
Ese espíritu minimalista en conceptos o ideas que mencionas IC, se aplica muy a menudo en publicidad y marketing visual, de manera que a simple vista el cliente reconozca la marca sin necesidad ni siquiera de tener que leerlo.
A menudo la marca se simplifica de manera que una sola palabra defina y abarque todo su universo, evitando lo superfluo que pueda distraer de lo que pretende vendernos.
Saludos
Hola Mare, tienes razón. ¿Y a que parece engañosamente sencillo?
Sí, parece más sencillo de lo que en realidad es, porque si ese proceso no se hace bien, la marca puede perder sus señas de identidad (que el cliente acabe despistado, o confundido) y también el objetivo que persigue con el cambio.
En el caso del Santander el cambio de nombre no vino propiciado por los publicistas, sino por las luchas en la cúpula tras la fusión. Yo lo viví desde dentro, trabajando en comunicaciones internas, y fue un cachondeo: Cada dos meses tocaba cambiar todos los logos, ya no se podía usar el azul para nada, etc. La idea inicial fue de invisibilizar al BCH y de ahí el paso BSCH - SCH - Santander. Por cierto, q yo en el currículo sigo poniendo BSCH porq me parece el más descriptivo para el q lo recepcione; no voy a poner el logo. Imagínate lo q debe ser el currículo de un antiguo músico del anteriormente conocido como Prince, un jeroglífico.
Saludos,
Entrambos mares, si y no. Lo de BSCH era claro que era un canto a la yuxtaposición (como ocurrió al principio con las redes) y que, a mi juicio valía bien poco. Efectivamente, Don Emilio pretendia fagocitar al BCH, pero yo me quedaria con la clave de la eliminación de la B, que era común a los dos. Ya no es que sobrase el Central Hispano, es que de partida sobraba lo de Banco.
El problema de BSCH es que generea poca emoción (algo asi como H20) y no es descriptivo. Ahi, desde el comienzo hubi una absorción pura y dura.
PD: NO te quejes, que con tanto cambio de nombre subiría la factura ;).
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