
La creatividad se relaciona con la publicidad, con los artistas, con diversión, con globos, colores y divertimento. Una imagen seria no tiene seamos sinceros. Pero por otro lado, existen multitud de empresas y profesionales dedicados a llevar un poco de aire fresco lleno de imaginación a las empresas más solemnes del lugar. ¿La razón? La creatividad es algo mucho más práctico de lo que pueda parecer.
La creatividad sirve en esencia para resolver problemas, ¿y de que está repleta una organización grande o pequeña? De problemas, muchos. Sí, necesitamos creactividad en la empresa. Porque todos han de implicarse, moverse. Por muy extraño, ridículo o difícil que nos parezca. Unas buenas técnicas de creatividad empleadas con eficacia, pueden convertir a una organización en un espacio innovador y más eficiente.
De nada sirve ser una fábrica de ideas. Una idea que no se pueda trasladar a la realidad y sea práctica es una pérdida de tiempo en la empresa, tal vez para un guión en una película no, pero no abordamos ese asunto. La creatividad en sus orígenes estaba relacionado con lo divino, más adelante se les atribuía a los artistas (pintores, escultores…) pero con el tiempo ese fenómeno que surgía de la mente del hombre fue abordado por la psicología. Ya no se trataba de que un poder superior nos otorgara más o menos capacidades creativas, afortunadamente.
Algunos expertos creen que el ambiente familiar influye en la persona imaginativa: no comparto esa opinión puesto que personas que han vivido en situaciones límite (guerras, holocausto,etc.) han sobrevivido gracias a su ingenio y talento natural.
El humor también es un factor a destacar. Una persona con sentido de humor en un grupo transmite optimismo, mejor ambiente y facilidad para la cohesión. El problema en mi humilde opinión deriva cuando algunos psicólogos (unos pocos) hablan de la creatividad desde un punto de vista tan abstracto que es lógico que el responsable de una empresa se cuestione si contratar o no los servicios de un taller creativo, curso o charla.
Si tenemos un problema en la empresa y contamos con trabajadores temerosos de hablar, tenemos dos problemas. Las técnicas creativas y la motivación, sirven para trasladar la suficiente confianza en los empleados para sentirse útil pero no porque le hagan partícipe de una fiesta al año, sino porque sus propuestas serán escuchadas.
Las reuniones al uso, donde un líder expone un problema que se ha de resolver y nadie habla por temor a perder su puesto, no sirven para nada. Bueno sí, para dar la razón al que expone el conflicto y también la solución, sea acertada o no. Sin darse cuenta que ser jefe no te convierte en un ser superior. Ni tu discurso en único. Si nos fijamos, los triunfadores normalmente tienen el mismo perfil: humildes, carecen de despacho propio y les gustas estar rodeados de la gente que trabaja con ellos.
Una de tantas técnicas creativas es la famosa “Tormenta de ideas” Lo sé, demasiado utilizada, pero se trata de ir un poco más allá. Si tu empresa tiene un problema o busca un objetivo, reúne a un grupo reducido de personas (no más de diez) que tengan un mismo nivel dentro del organigrama de la empresa, no necesitamos a un líder, sino a un moderador, que será el que exponga el asunto a tratar de manera resumida (por favor nada de discursos de media hora)
Cuesta mucho elegir una, pero hemos de saber defender nuestra idea, sobre todo si va más allá de la innovación. Sabemos que el ser humano en general es reacio al cambio. Aquí entra en juego el dominio del escenario y el saber contar de una manera sencilla y eficaz, el potencial que tiene nuestra aportación. Defenderemos lo realista de su uso y los beneficios que aportará a la empresa.
Ojo, con el resto de ideas no hacemos un amasijo con el papel, o lo enviamos la papelera de reciclaje, las guardamos y así tendremos un práctico y bonito banco de ideas al que acudir, y sobre todo, no haremos sentir al resto como perdedores pues no lo son. Si todos los pasos son compartidos es más que probable que la próxima reunión sea un rotundo éxito.
No temamos que la creatividad entre por nuestra puerta. No dejemos que la solemnidad gane la batalla. En algunos lugares es preciso que exista una dosis de ella, pero en general, los publicistas, los profesores, en realidad todos los gremios, se ven obligados a cortarse las alas, a no crear contenido mejorado, que guste a sus receptores porque desde arriba les obligan a seguir unos patrones desde hace años. Lo cual conlleva la frustración del trabajador y el aburrimiento o pasividad de los que escuchan.
Demos una oportunidad a las ideas nuevas, e insisto que lleven a algún lugar que nosotros queremos llegar. De nada nos sirve organizar una reunión para acabar con ideas disparatadas que no aportarán valor sino pérdida de tiempo. Innovar es sinónimo de mejora, ¿por qué resistirse a un cambio positivo?
Dejemos de comportarnos como robots todos los días, y demos una oportunidad a que los empleados hablen, aporten valor, cambios, mejoras en definitiva que van a beneficiar a todos y lo más importante, en algunos casos, mejorará el clima laboral.
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