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Procrastinar y ser productivos, cuando el trabajador oculta su pereza

Procrastinar y ser productivos, cuando el trabajador oculta su pereza
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Procrastinar y productividad pueden parecer antónimos, pero lo cierto es que un empleado puede ser productivo, ha finalizado a lo largo del día muchas tareas pero no deja de procrastinar. A veces trabajar mucho no es más que una forma de ocultar la pereza que nos da afrontar otras obligaciones.

Muchas veces se hace incluso de forma inconsciente, nos dejamos llevar a tareas o problemas que sabemos como resolver, que están dentro de lo que podríamos llamar nuestra zona de confort como profesionales. A la vez podemos tener otra serie de trabajos que son más importantes, que tienen una fecha de entrega anterior, etc. que vamos dejando atrás simplemente porque no sabemos como afrontarla.

Sabemos que no va a ser sencillo, que posiblemente nos atasquemos, o simplemente que nos va a llevar más tiempo quizá del que tengamos disponible a lo largo de la mañana o del día. Y por eso vamos atacando otros pequeños trabajos que nos vemos capaces de finalizar rápidamente, que no suponen un reto profesional.

Pero lo malo es que esa tarea que estamos aplazando, mañana va a tomar una urgencia aún mayor. Y al día siguiente posiblemente no tendremos más tiempo libre, nos seguirán llegando más trabajos menores o que sabemos como resolver y podemos seguir justificando que no nos ponemos con el trabajo principal.

Divide y vencerás a la procrastinación

Dividir esa tarea que se atraganta en varias más pequeñas puede ser una buena idea para avanzar

Quizás el principal problema es que necesitamos dividir esta tarea en varias subtareas menores. De esta forma nos permite ir avanzando y no acabar el último día empantanados con todo el trabajo y sin saber como resolverlo. Se reserva tiempo para ir resolviendo los problemas a medida que vamos avanzando, lo que muchas veces también nos da mayor perspectiva.

Si ayer estábamos atrancado en un punto concreto, puede que al día siguiente, una nueva forma de encararlo acabe por desatascarlo. Y podemos avanzar un poco más hasta el siguiente hito. Y todo esto sin dejar de atender otras tareas que si sabemos como sacar adelante, que tenemos pendientes y tampoco se pueden postergar demasiado.

Por eso es necesario muchas veces fijar fechas, ponernos límites nosotros mismos, aunque el cliente o la empresa no lo demande así. De otra forma vamos dejando en el fondo de la bandeja de las tareas pendientes este tipo de trabajos que muchas veces acaban por explotarnos en el peor momento posible.

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Imagen | Morgana1

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