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No debemos comprometernos cuando implicamos un tercero

No debemos comprometernos cuando implicamos un tercero
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Muchos directivos y gestores de personas, en muchas ocasiones caen en el error de comprometerse con otros directivos o profesionales cuando no cuentan con la autonomía suficiente o incluso, lo que es mucho más grave, cuando desconocen los ciclos y las dependencias asociadas al compromiso.

Con esta situación, además de no conseguir muy posiblemente el objetivo, conseguiremos deteriorar nuestra relación profesional con terceras partes implicadas, ya que por un capricho nuestro, les intentamos ‘trasladar’ un compromiso cuando no les corresponde.

Es cierto que muchas veces se nos solicita una actuación, informe o información que no depende de nosotros ni del equipo que gestionamos, y es posible que quien la pide sepa que se ha de dirigir a esta tercer parte implicada, ignorando que esta actitud no le licencia para dirigirse a nosotros, ni a ningún otro colaborador, en un tono exigente ni mucho menos amenazante.

Lo que es mucho más fructífero en este tipo de casos, es dirigirnos en un tono cordial hacia la persona que nos puede ayudar, comentándoles el problema que tenemos solicitando su ayuda, porque así conseguiremos mucho más que mediante la primera opción. Aunque esta solución es válida solamente en el caso de que ya nos hayamos comprometido, siendo la regla general la de no comprometernos cuando no somos autosuficientes y necesitamos inevitablemente la ayuda de un tercero.

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