Las pequeñas empresas rozan los límites de lo no reemplazable

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En el día de ayer les hablaba en estas páginas sobre la importancia de valorar los hechos desde el punto de vista objetivo para asegurar un adecuado reemplazo generacional dentro de la empresa familiar. Y hoy quiero ir un poco más allá, abordando una cuestión relacionada con la anterior, pero muchas veces olvidada, como es el riesgo que supone para la continuidad de la misma el no delegar o no formar a nuestros sucesores en asuntos estratégicos o relacionales necesarios para la toma de decisiones.

Piensen un momento en el típico negocio familiar en el que el padre (o la madre) se encargan de tareas muy concretas, que conocen solo ellos y que además son fundamentales para el funcionamiento del negocio (gestión de la cartera de clientes, relaciones con instituciones, negociación de precios y/o acuerdos con proveedores, etcétera). De tal manera que cuando llega el momento de la jubilación o retiro efectivo de la persona que se encarga de estas, deja un vacío tremendo para el que no contamos con el expertise necesario.

Ante este tipo de situaciones lo más recomendable es la elaboración de un plan de contingencia, en el que se cataloguen todas las tareas, haciendo hincapié en las más importantes. De tal modo que con su catalogación y transmisión podamos tener garantías de que cuando se ausente la persona que habitualmente los realiza podamos seguir con nuestro día a día.

Como pueden comprobar esta situación no tiene por qué ser exclusiva de las pequeñas empresas, pero sí es cierto que en estas es dónde mayor impacto puede tener. Además de que no solo se manifiesta en el momento de la jubilación, sino en otras muchas más eventualidades como bajas laborales y vacantes entre otras. Por lo que merece la pena realizar este pequeño ejercicio para evitar males mayores y situaciones indeseables.

En Pymes y Autónomos | La objetividad en la sucesión generacional de nuestra empresa
Imagen | people


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