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¿Es la crisis económica enemiga del teletrabajo?

¿Es la crisis económica enemiga del teletrabajo?
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Ahorro de costes y mayor productividad. Son dos de los efectos deseados del teletrabajo en las empresas que lo han impulsado en sus estructuras organizativas. En teoría, dos razones muy poderosas con las que impulsar esta forma de organizar el día a día en la empresa en mitad de una crisis económica tan dura. Sin embargo, ¿puede esta coyuntura difícil echar por tierra el camino recorrido de concienciación tanto en los empresarios como en los propios empleados?

En varias ocasiones hemos hablado en estas líneas no sólo de los beneficios del teletrabajo, sino también de sus riesgos evidentes. Una forma de organización laboral que está casi ‘en pañales’ en España respecto a grandes potencias como Estados Unidos o a socios europeos. Ahora, que la concienciación sobre la importancia de conciliar la vida laboral y familiar, que los adelantos tecnológicos permiten hacerlo mucho más sencillo, puede irse todo el traste por esta crisis económica.

Grandes compañías como Yahoo han plegado velas y han apostado por recuperar el presentismo, tal y como recordaba el compañero Diego en un post hace unas semanas. Otras, con toda probabilidad, se lo están planteando, aunque aún no hayan tomado la determinación. Es evidente que las dudas sobre la efectividad están ahí y ésas no sólo pueden empujar a compañías con el teletrabajo arraigado echar marcha atrás, sino a pequeñas firmas que se lo estaban planteando desistir definitivamente.

Pero, ¿por qué la crisis económica puede convertirse en la enemiga del teletrabajo? ¿Cuál puede ser la razón? En este reportaje publicado ayer por Expansión dan una clave fundamental: el miedo. Primero, el miedo del trabajador a perder su trabajo y, por ende, el consiguiente afán por hacerse más visibles en un momento de recortes de plantilla y de dificultades serias. Segundo, el del empresario a perder el control sobre sus empleados y sobre la productividad de éstos, que empujaría a valorar más la presencia que la actividad.

El riesgo es más que cierto. En momentos de dificultad, los teletrabajadores se sienten más desamparados y, por tanto, hay más probabilidades de que piensen que, en la práctica, están fuera de una estructura empresarial resentida. Junto a ello, es posible que los empresarios se hayan encontrado con ese temor en una etapa en la que no había los controles suficientes.

Creo que ese miedo es infundado, pues ni el trabajador ha de temer por su puesto de trabajo si mantiene su nivel de productividad en los límites exigidos, ni el empresario por el cumplimiento de las obligaciones en la plantilla. La crisis lo trastoca todo, es cierto. Pero no debería acarrear un retroceso en un camino que tanto trabajo ha costado recorrer.

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