El principio de Dilbert: ¿son los directivos los empleados más incompetentes?

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He de reconocer que soy bastante fan de Dilbert. Cada vez que veo alguna de las ya muchas tiras cómicas de Dilbert que desde 1989 van apareciendo diariamente en los periódicos y webs de Internet, me veo reflejado en ellas y siento la sensación de haber vivido muchas de las situaciones que se le van presentando en su día a día a este simpático personaje.

En realidad, son situaciones que no solo a mí, si no a cualquier empleado se le pueden presentar en cualquier momento: políticas de oficina, jefes incompetentes, compañeros de trabajo molestos, situaciones sin sentido, reuniones que no sirven para nada, etc… en general, cualquier situación que todos odiamos de nuestro trabajo son las que curiosamente provocan la carcajada en los cómics de Dilbert.

Para mí, son especialmente desternillantes las conversaciones tan absurdas que tiene en las reuniones con su jefe, PHB (Pointy Haired Boss, en español El jefe pelopunta), que en muchas ocasiones exige a Dilbert ciertas responsabilidades que van más allá de la lógica, representando el arquetipo de jefe incompetente y déspota que no tiene la menor idea de las tecnologías con las que trabajan.

Sin ir más lejos, en la tira cómica del 29 de Mayo, el jefe le pregunta a Dilbert cómo le van los objetivos que el jefe tiene en mente pero que todavía no le ha comunicado, y Dilbert le contesta que los ha clavado todos; vamos, que aún no sabiendo los pensamientos de su jefe ha salido todo perfecto. Y así con muchas otras situaciones que se le van presentando.

Y es precisamente este personaje el que ha servido como modelo para acuñar uno de los principios más discutidos de la gestión de recursos humanos. A partir de este personaje, se acuñó por parte de Scott Adams el término Principio de Dilbert, que alude a una observación satírica de los años 1990 que afirma que las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos con el objetivo de limitar así el daño que pueden ser capaces de provocar. En un primer momento, este principio tuvo muy poca acogida entre los teóricos, los cuales señalaban que contradecía la gestión tradicional de los recursos humanos. Sin embargo, este principio ha tenido una buena acogida entre los gestores norteamericanos.

¿Es aplicable el principio de Dilbert a las empresas españolas? Es algo complicado de saber. De todos modos, yo me quedo con una frase de Guy Kawasaki, empleado de Apple, que afirmaba: “hay dos tipos de empresas: las que reconocen ser como las de Dilbert, y las que también lo son pero aún no lo saben”.

Vía | Dilbert [Inglés]
En Pymes y Autónomos | Las aventuras de Johnny Bunko
Imagen | Felix M. Cobos

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