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El misterioso milagro del asesor Maus [Humor]

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Francisco era dueño de su propio negocio y durante los últimos meses había detectado problemas continuos de puntualidad entre sus empleados. Se realizaron reuniones de equipo para tratar el tema y todos parecían estar de acuerdo con la necesidad de arreglarlo, aunque a la hora de la verdad los cambios eran insignificantes.

Ante la imposibilidad de cambiar la situación, pensó adecuado contactar con un asesor externo llamado Maus, conocido por dar soluciones creativas y funcionales. Cuando este llegó a la empresa no realizó muchas preguntas, pero finalmente pareció obrar un auténtico milagro.

La reunión

Maus entró en el despacho del empresario mientras observaba las paredes, como si estuviera buscando algo, y tras un saludo cordial se sentó esperando que le recordaran el motivo de la consulta. Francisco comenzó a relatar el problema ante el silencio de su interlocutor:

  • Como le comenté por teléfono, llevamos varios meses con un problema de puntualidad entre los empleados. El horario comienza a las 9 y es importante que todos estén en sus puestos, pero aunque los trabajadores lo comprenden parecen no hacer nada al respecto. Creo que el horario es bueno, la empresa está bien situada y las vías de acceso carecen de grandes problemas de tráfico…
  • Si, y tienen un amplio parking propio en la trasera del edificio donde he podido aparcar sin problemas. – interrumpió el asesor mientras escuchaba atentamente.
  • Efectivamente, lo pusimos porque, aunque esta no es una calle principal, existen muchos problemas para encontrar aparcamiento por la mañana. Total, para lo que ha servido… ¡a mí ni siquiera me hace falta! Vivo aquí al lado. Parece que no es un problema de este tipo sino más bien algún problema de control, de autoridad, de motivación… me han dicho que es muy bueno dando soluciones creativas… y yo no sé qué más hacer.
  • Entiendo. ¿Qué tamaño tiene la plantilla?
  • Son 15 – Mientras lo decía, Maus sacó una libreta y pareció anotar el dato.
  • ¿Quiere que hablemos con algunos empleados?
  • No hará falta.
  • ¿Me intenta decir que va a solucionar el problema sin hablar con los trabajadores?
  • En unos días notará una mejora en la puntualidad de gran parte de la plantilla.

Francisco le explicó que aquella forma de actuar le parecía muy extraña y que no pagaría sus honorarios hasta no ver algún tipo de actuación o resultado, pero Maus simplemente le dijo que lo entendía y que le llamara cuando notara la mejora.

El milagro

El empresario pensó que el asesor le había tomado el pelo o que simplemente se veía incapaz de ayudarle. De hecho la puntualidad empeoró durante los primeros tres días, aunque de forma casi milagrosa experimentó una mejora notable en las jornadas siguientes. Francisco esperó para comprobar si era un cambio persistente.

Solo entonces llamó a Maus y le contó lo que estaba pasando. No podía aceptar que fuera cosa de magia, así que le pidió que le explicara lo que había hecho. Si no veía la lógica tendría que pensar que fue por la acción particular de los empleados.

  • Señor, es muy sencillo. Cuando fui a su despacho usted me dijo que la empresa estaba bien situada, que no tenía mucho tráfico y que el horario era bueno… y por lo que vi, me decía la verdad.
  • Por supuesto.
  • Además, la empresa cuenta con un amplio parking. ¿ha contado usted el número de plazas? Es muy cómodo ir.
  • Disculpe, no entiendo por dónde va. ¿Me puede decir cómo ha logrado terminar con el problema de puntualidad? según usted, claro…
  • Si baja usted al parking podrá ver que he colocado conos y cintas de obra en una pequeña parte del parking. Tenía 20 plazas para 15 empleados, ahora tiene 10.
  • ¿Cómo? No me joda.

Con el cambio, los trabajadores se daban prisa para asegurarse una plaza, porque de no lograrlo tendrían que buscar sitio por la zona. Maus le habló de causas y consecuencias así como del acomodamiento.

Aceptó que no había aplicado una buena solución, pero aclaró que resultaba una importante lección para el empresario: “el incumplimiento de las normas internas de la empresa debería ir acompañada de algún tipo de consecuencia.” Y para solucionar este problema el asesor no necesitaba hablar con los empleados, sino abrirle los ojos al empresario. Claro que este solo pudo desternillarse de risa y añadir: está usted como una cabra, señor Maus.

Pymes y Autónomos | Humor
Imagen | Germán R. Udiz

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