El asesor Maus y el drama del general Martínez [Humor]

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Cuando Maus entró a la empresa del cliente se encontró con una sala aparentemente vacía, por lo que no supo muy bien cómo actuar. Delante de él había una mesa, así que decidió caminar hasta ella para esperar a ser atendido. No obstante, tras dar un paso fue sorprendido por una voz ronca situada detrás de él: ¡Bienvenido a industrias Martínez!

Con las piernas temblando se dio la vuelta, pero no logró percibir a nadie. Entonces se fijó en la planta próxima a la puerta y allí estaba, un hombre vestido de camuflaje con una flor en la cabeza. Dudó si debía comunicarse con él pero tras balbucear que tenía una cita fue interrumpido: “¡Si, señor! Acompáñeme ¡El general le espera!“ “¿General?”- pensó Maus.

“Fire in the hole”

Tantos gritos y sobresaltos le pusieron nervioso, pero aún fue peor cuando llegó al oscuro despacho del general, pues le esperaba en pie, mirando por la ventana y dándole la espalda. Maus pensó que sería descortés tomar asiento y rascó su nuca mientras decía en un tono casi inaudible: “eh… holaaa…”

El general permaneció ensimismado unos interminables segundos hasta que le invitó a sentarse. Eso sí, su mirada seguía perdida en la inmensidad y aunque Maus odia los asientos de cuero que hacen ruidos extraños ante cualquier mínimo movimiento, prefirió mantenerse en silencio y guardarse sus habituales quejas.

“ Hay un mundo muy peligroso allá fuera, señor Maus. Las sombras nos rodean en estos días aciagos y mis hombres sucumben a la desesperación. Han caído como moscas ¡maldita sea! Tan buenos chicos, con familias…”

El asesor Maus mordió su labio superior e intentó otear el despacho para descubrir lo que estaba pasando, pero la decoración era tan clásica y aburrida que solo pudo percibir una evidente falta de gusto.

No obstante, nada que hiciera desconfiar de la salud mental de su interlocutor, además del hecho de ir vestido con un traje de general con el que parecía estar hablando de alguna clase de conflicto bélico, por supuesto… y es que hacerlo de otra guisa sería incoherente.

“Estos chicos dan todo por la empresa, pero todo parece demasiado complicado. Parece que en este mundo ya no queda espacio para los ponis“, añadió el general mientras bajaba la mirada. “¿Ponis?” preguntó Maus, preocupado por la incoherencia del discurso.

“Claro, eso vendemos…ponis de juguete.” Tras un silencio, comenzó a cantar con voz entrecortada lo que parecía ser el ritmo de un anuncio: “Suspiritos y barriguita… siempre sueñan juntos… colita y… melenita… siempre…” Tras esta consecución de momentos absurdos, Maus creyó que era el momento de ordenar las ideas antes de que empezara a llorar.

  • Veamos si lo entiendo. Su empresa comercializa ponis de juguetes y se ha producido una importante pérdida de ventas, por lo que han tenido que reducir plantilla. Decisión… dura, por lo que veo.
  • Maldita sea, esos pobres chicos no tuvieron ninguna oportunidad… – el general apretó el puño y lo agitó en el aire.
  • Vale, vale. Veo que pese a los esfuerzos de los empleados no logran levantar cabeza y necesita ayuda, alguien que le de una perspectiva diferente. ¿Por qué yo?
  • ¿Está de broma? Por su nombre – el asesor sintió un gran orgullo al pensar que se había ganado un nombre en el mundo de las empresas y que el boca a boca comenzaba a funcionar. ¡Ni siquiera se había equivocado al decir “Maus”! Por desgracia, el general le devolvió al mundo real. – Alguien que se llama Maus, como el tan poco usado “Panzer VIII Maus” debe tener mucho tiempo libre como para venir con urgencia.
  • Ah… ya. Bueno. A lo que vamos…

Algo básico

Tras una charla con el general incluso logró verle la cara, más parecida a un trozo de mármol que al rostro de un ser humano. Hablaron de la empresa entre intensas divagaciones pseudobélicas, hasta que el asesor detectó lo que podía ser un error de base que debía explicar:

“Usted describe una pirámide organizacional en el que la dirección está en la cúspide y todos siguen sus indicaciones de forma eficiente. Uno de los problemas es que en la actualidad las pirámides se están invirtiendo, de modo que los que deberían tener más importancia son los clientes.

Ante ellos se debe ejercer la responsabilidad y sobre ellos se deben plasmar las estrategias. La verdad es que la empresa en sí misma no parece tener relación ni con el producto ni con los clientes… es como si estuvieran en otra dimensión y eso no es del todo normal.

Me habla de una aceptación total de las órdenes por parte de los empleados, pero quizás está limitando su creatividad, que es un valor sobre el que podría basarse una parte de la recuperación. Usted parece querer protegerlos, pero la mejor manera de hacerlo es darles más autonomía.

También debe comprender que los consumidores se encuentran en continuo cambio y que hay que adaptar los productos y la comunicación… comenzando por estudiar esa horrible canción que cantó hace un rato. Lo siento, tenía que decirlo.

El cliente es el jefe y usted debería empezar a apoyarse en los empleados… delegue responsabilidades y controle. Hay que estudiar el mercado, actualizar lo que sabemos de él. ¡Evite los bombardeos indiscriminados y hágase con misiles inteligentes!. Haga ponis vampiro, hipster o zombies… experimente, haga pruebas de mercado y encuentre la tecla. Las quejas no le ayudarán, hay que ponerse en acción… así que deje de llorar

Maus tiene una gran capacidad para olvidar con quién está hablando, pero suele recordarlo súbitamente cuando termina un discurso con contenido incómodo. Se mordió los dos labios a la vez y miró los ojos inyectados en sangre del general. No obstante, tras algunos segundos se dejó de escuchar el rechinar de sus dientes y, contra todo pronóstico aceptó los consejos.

El asesor le ayudaría durante los primeros meses, por lo que quedaron instados a dar los primeros pasos. Maus se dirigió a la salida bastante más relajado al pensar que había salido mejor de lo esperado, pero de nuevo un grito del hombre camuflado le sobresaltó: ¡Gracias por visitar industrias Martínez!

Se había olvidado de aquel curioso personaje y tal fue el susto y su relajación previa que cayó al suelo. Sin incorporarse se arrastró hasta la salida, pensando que posiblemente era la primera vez que terminaba por los suelos en una de estas reuniones.

En Pymes y Autónomos | El Asesor Maus, Humor
Imagen | Germán R. Udiz

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