
Hay que reconocer que el coche de Maus, al que llamaba cariñosamente “Leré” por su capacidad de marear a los pasajeros, era bastante viejo, pero la experiencia le decía que a los vehículos no les salían arrugas con el paso del tiempo. Sin embargo, allí estaba aquella gran abolladura en la puerta lateral. El asesor dio unas cuantas vueltas en busca de alguna nota o explicación de aquel que hubiese causado el destrozo, pero no había nada.
Entró en el vehículo por la puerta del copiloto, ya que la del conductor no respondía a sus tirones y se dirigió a un taller para ver lo que podían hacer por Leré. Cuando llegó al más cercanos seguía mascullando insultos, pero entonces recibió con sobresalto el saludo de un mecánico totalmente eufórico al ver que cruzaba la puerta.
Tras una pequeña negociación, el mecánico aceptó el trato pues parecía que no tenía nada que perder: o ganaba el doble por una reparación o su negocio mejoraba. Entonces Maus le explicó el plan y lo llevaron a cabo durante un mes, observando un incremento de la facturación.
Para Maus era muy evidente que el número de coches abollados en circulación había aumentado notablemente desde el comienzo de la crisis económica. Sin duda la gente no podía pagar los arreglos y esto se había concretado en la falta de clientela en los talleres, especialmente en los que no pertenecía a ninguna casa comercial.
Su pensamiento cambió cuando el mecánico le dio el presupuesto para arreglar a Leré, ya que pensaba que sería más caro. En aquel momento obtuvo una importante pista que le ayudaría a desarrollar una estrategia. Puede que mucha gente pueda pagar uno de estos arreglos, pero que no lleguen a pedir presupuesto al pensar que es demasiado caro para sus bolsillos. Era una gran oportunidad que esperaba ser exprimida.
Maus se llevó al mecánico a la calle y fueron buscando coches abollados o con otros defectos estéticos que estuvieran estacionados, partiendo de los alrededores del taller y alejándose poco a poco.
Con ellos se llevaron un montón de papeles que prepararon con el logotipo, el CIF, el teléfono y demás información de la empresa. Pese a la reticencia inicial de su cliente, el plan quedó totalmente claro ante el primer coche, en cuanto Maus le preguntó “En general ¿cuánto cobrarías por lo que tiene este coche?”
Tan pronto como escuchó la cifra la anotó en el documento y la colocó en el parabrisas del vehículo. Repartiendo presupuestos por la ciudad, observaron cómo el teléfono comenzó a sonar y varios clientes llegaron sorprendidos con sus vehículos. La frase más repetida era: “pensé que sería más caro”.
Cuando se pudieron demostrar los resultados de la estrategia, el mecánico le envió un cheque a Maus por el valor de la reparación que había sido pagada a modo de depósito. El asesor se fijó en el papel y pudo ver claras marcas negras de suciedad y olor a aceite en su revés.
Esto le produjo una gran satisfacción, no solo porque la estrategia parecía funcionar, sino porque Leré volvió a abrir sus brillantes puertas a su dueño, todo un bribón… y gratis.
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Imagen | Germán R. Udiz