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El asesor Maus y el cartel fantasma [Humor]

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La sombra del asesor Maus se dibujaba en la puerta del despacho del empresario que había contratado sus servicios, tras escuchar los efectos de su último servicio. El asesor llevaba unos minutos de pie sin decir nada y el cliente no sabía cómo reaccionar así que levantó la mano y le señaló una incómoda silla mientras decía: “Por favor, siéntese”.

Maus era una de esas personas de aire distraído y mirada inquietante, que suele vestir con mucho gusto, pero que termina estropeando todo el look con una corbata que no pega con nada. De hecho, el cliente quedó hipnotizado por su corbata del Chip y Chop antes de poder mirarle a la cara. Cuando Maus dejó de toquetear la silla para comprobar si estaba coja, se sentó y solo entonces su cliente pudo explicar el caso.

  • Bueno… señor Mou, el caso es que…
  • No, ese es el entrenador del Madrid. Yo soy Maus.
  • ... el caso es que uno de sus clientes es amigo mío y me explicó que usted le ayudó con unas vallas publicitarias.
  • Bueno, le ayudé con su negocio. Y usamos vallas, sí.
  • Eso, pues yo tengo un problema similar, aunque el tema es que tenía una valla que iba estupendamente hasta que han vendido el terreno donde ubicábamos la nuestra. La verdad es que nuestro negocio no es sencillo de ubicar y la valla ayudaba bastante… de hecho ahora ha bajado un 30% el número de visitantes.
  • Ah si, el loco. Oh, espere ¿Esto es un problema de vallas publicitarias? Es que no querría encasillarme.
  • Le pagaremos generosamente
  • ¡Las vallas son mi especialidad!
  • Es usted muy extraño.
  • Y esta silla es un asco, de verdad.
  • Vale, no se enfade, por favor… vamos a centrarnos en el problema.
  • Creo que lo entiendo. Ustedes tenían un cartel de esos típicos que anuncian a la empresa con un mensaje de “estamos a 10 metros”, situados cerca de una de las salidas de la autopista. Ahora no pueden poner un cartel ahí porque han vendido el terreno y, dado que me ha llamado, parece que no existen otras opciones.
  • Bueno, le llamo para eso, para estudiar las alternativas.
  • Pero usted sabe que no soy un mago ¿verdad?
  • Por supuesto ¿Por quién me toma? ¿Quiere decir que no puede hacer nada?
  • Si, si puedo… voy a empezar dándome una vuelta. Hasta luego.

La ¿solución?

El asesor se levantó y observó su trasero para asegurarse de que el pantalón no había quedado manchado por aquella silla de aspecto descuidado. Preguntó por la salida donde había estado el cartel y fue a hacer una comprobación in-situ. No pasó ni una hora cuando volvió a entrar en el despacho, en esta ocasión acompañado de un pañuelo para ponerlo sobre el asiento.

  • Puedo ayudarle, pero sin vallas ni carteles.
  • Pero es que yo quiero un cartel. Es lo que le he pedido.
  • Pero no puede ponerlo…
  • Eso ya lo sé.
  • No lo parece. Mire, usted lo que necesita es un camión.
  • No, mi empresa no usa transporte.
  • No lo digo por eso.
  • ¡Oh Dios! Por favor, Mou… creí que sería más imaginativo. ¿Me propone dar vueltas con un camión rotulado para hacer publicidad? No puedo pagarle a un chófer para hacer algo tan improductivo, además… no ayudaría a localizar a la empresa.
  • Me llamo Maus. La salida de la autopista está aquí al lado.
  • ¡Que no voy a pagarle a ningún chófer! ¡Y ya sé dónde está la salida!
  • Por dios, mire que es usted pesado. Calle un momento y escuche... la salida está aquí cerca y hay una carretera en paralelo a la autopista. Solo necesita aparcar un camión rotulado en los márgenes de la carretera… con que lo retire a la hora del cierre será suficiente.
  • Ah… pero eso…
  • Le puedo conseguir un camión viejo. Con que tenga un lateral grande nos vale. Puede hacer números y ver cuánto puede gastarse para eso ahora que se ahorrará el alquiler de la valla, además, la zona ideal para aparcarlo será más ventajosa para usted, ya que no está tan cerca. Lo mismo hasta puede alquilar un pequeño tramo de terreno para usarlo de parking…

El cliente no pareció muy convencido y quedó pensativo tras darle el pago al asesor. Este se retiró dejando 20 euros encima de la silla en un acto que el cliente no comprendió. Pese a lo extraño de aquel personaje, lo cierto es que la idea de Maus no era tan mala y el empresario logró una furgoneta vieja sobre la que plasmó un rótulo que funcionó bastante bien.

Retiraba el camión por la noche y lo ubicaba por la mañana en cuanto abrían. Resulta que había un lugar adecuado para aparcarlo en un lateral y solo debió cambiar el “estamos a 10 metros” por un “estamos a 25 metros, en la próxima salida” y se dio cuenta de que ampliar un poco la distancia del cartel le había permitido a muchos clientes evitar saltarse la salida, al tiempo que les permitía pensar mejor si pasar a echar un vistazo.

Sorprendido observó que las visitas recuperaron el porcentaje perdido en poco tiempo y que además había ganado un 5% adicional, por lo que llamó a Maus para agradecerle su ayuda. Sin embargo, este se limitó a preguntarle “¿pero ya cambió la silla o no, alma de cántaro?”

En Pymes y Autónomos | El asesor Maus contra un problema de narices [Humor], El misterioso milagro del asesor Maus [Humor], El asesor Maus, entre la caspa y las ventas [Humor], Humor
Imagen | Germán R. Udiz

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