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Adaptar la estructura del negocio a la generación de valor para el cliente

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Cuando decidimos iniciarnos en un negocio, una de las decisiones más importantes que sopesamos es el tamaño de la estructura necesaria, es decir, el local necesario en el que se va a llevar a cabo la actividad, el número de empleados, la distribución de la carga de trabajo, la estructura de nuestro capital, las fuentes de financiación, etcétera.

Lo que en muchos casos nos lleva a incurrir en unos gastos fijos y recurrentes demasiado elevados para una empresa que acaba de nacer y que tiene por delante un largo camino para hacerse con una cartera de clientes suficiente y alcanzar un umbral de rentabilidad aceptable.

Por tanto, son cada vez más las empresas de servicios que cuando se plantean la ‘infraestructura necesaria’ para su operatividad piensan en la generación de valor para sus clientes, desechando aquéllos instrumentos o costes que son prescindibles para la prestación de sus servicios con un alto nivel de calidad.

Algunos ejemplos en este sentido serían:

1) Infraestructura física: para algunos negocios no es necesario contar con un local para atender a nuestros clientes, sobre todo si estamos empezando, pudiendo perfectamente prestar nuestros servicios en el domicilio de nuestro cliente, ahorrándonos uno de los costes fijos más importantes, el alquiler

2) Infraestructura de recursos humanos: el autoempleo es una de las opciones en las que más se confía como motor de empleo para salir de la crisis, y también son cada vez más los asalariados que se ofrecen a colaborar con determinadas actividades profesionales para mejorar su retribución, introduciendo la flexibilidad que necesitamos al encontrar personal que colabore con nosotros por un número de horas determinado

3) Infraestructura societaria: también es una de las opciones más importantes, puesto que nos permite dar entrada a nuevos colaboradores, mediante la aportación de capital, la prestación de servicios profesionales o ambos

En conclusión, se trata de pensar en cuál es la infraestructura realmente necesaria para nuestro negocio, intentando evitar a toda costa los costes prescindibles que drenen rentabilidad, a la par que lo doten de flexibilidad, una flexibilidad a la que se ha de proporcionar una gran importancia en un entorno que cambia a un ritmo muy rápido y en el que los negocios han de estar capacitados para redireccionar sus esfuerzos.

En Pymes y Autónomos | Clasificación de las empresas de servicios
Imagen | smemon

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