Riesgo reputacional

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Dime con quien andas te diré quien eres. Más de una pyme debe tomar nota de este viejo refrán. Aquellos que nos rodean, ya sean proveedores, clientes, colaboradores, influyen notoriamente en la percepción que los demás tienen de nosotros suponen un riesgo reputacional. Y eso suele tener consecuencias insospechadas.

Hace unos días leía este post de Enrique Dans, Agencias de comunicación: cuidado con quien las compartes. El razonamiento básico es que muchas agencias son maquinas de generar spam. ¿Conclusión? Los destinatarios acaban catalogando a ese emisor de correos como spammer y adiós al problema. Adios al problema para ellos, ya que las empresas que pagan a las agencias verán como su dinero se va por la alcantarilla.

Así funciona el riesgo reputacional. Tu imagen, tu mensaje, producto, tu marca, se asocia con quien no debe, y dicha contaminación te acaba costando dinero. De esto saben bastante las entidades bancarias en relación con asuntos como el blanqueo de dinero. El estar todos los días en medios vinculados con el coa tal o el caso cual, con independencia de sanciones administrativas o penales, no es plato de gusto.

Si sois promotores inmobiliarios y trabajáis con un contratista que tiene fama de desastre, con independencia de que lo sea o no, ya sabéis lo que pensaran vuestros clientes cuando vena sus camiones aparcados en la puerta de vuestra obra. Si gestionáis un centro comercial que pretende ser elitista, y permitís que se llene de adolescentes en semibotellon los difundes de semana, no malgastéis vuestro dinero en campañas de comunicación.

Por ello, la próxima vez que contratéis a un proveedor, o que hagáis una oferta para determinado tipo de clientes, o que hagáis un proceso de selección, entre los factores a valorar fijaos en sus prácticas, en su reputación. Y huid de aquellos que pueden acabar con la vuestra.

Más información | El Blog Salmón
En Pymes y Autónomos | ¿Cómo andamos de reputación?

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