Evitar la catástrofe cuando tu mercado se muere

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Una de las recomendaciones principales cuando se inicia una actividad empresarial es la focalización de la actividad y la especialización. Cuando los recursos del proyecto son escasos debemos empezar por posicionarnos en un segmento o un nicho del mercado y no dispersar esfuerzos en atender a varias cosas, pero con el tiempo puede ser necesario variar esta estrategia porque muchas veces la propia evolución económica puede hacer que ese mercado se muera.

Hay muchas circunstancias que hacen variar las condiciones de un mercado, la propia economía, los avances tecnológicos, los usos y costumbres de los consumidores, cambios políticos o normativos, etc. Esta evolución puede llevar suponer una transformación de ese sector o actividad o, en determinadas circunstancias, puede hacer que éste se agote y desaparezca.

Por eso la dirección empresarial debe estar atenta constantemente a estas circunstancias, prever los futuros movimientos y hacer pivotar la estrategia del negocio o diversificar su actividad para no correr el riesgo de desaparecer.

Dentro de la planificación de la empresa hay que contar con estas circunstancias. Pasadas esas primeras fases, y una vez que la empresa ya se ha posicionado, se debe dar el paso siguiente que reduzca la vulnerabilidad del negocio a los avatares de un único mercado.

Para ello se puede optar por una nueva línea de negocio, por intentar conquistar un nuevo nicho, por la internacionalización, etc. Debemos analizar cuál de ellas es la adecuada en base a objetivos, costes, impacto en la organización, etc.

Por supuesto siempre corremos el riesgo de que esa diversificación nos reste foco o eficiencia en la gestión del negocio que ya está en marcha. También es posible que los recursos sigan siendo limitados y que haya que ir con mucho cuidado para que esa estrategia no nos debilite como empresa, por eso debe haber un equilibrio para que todo siga funcionando como hasta ahora y la fase de crecimiento no resulte finalmente una amenaza.

Los constantes cambios en la actividad empresarial hacen que la gestión sea una tarea continua que requiere una gran dedicación para que la toma de decisiones sea acertada. Las circunstancias internas y externas del negocio siempre afectan al futuro del mismo, por eso debemos controlarlas para garantizar su perdurabilidad.

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