
Que el contacto con la administración pública en las gestiones como autónomas o empresarios nunca ha sido ágil y fluida es algo sabido y notorio, y que ese contacto genera más de un quebradero de cabeza también es conocido. Pero la burocracia adquiere tintes dramáticos cuando ya no solo nos quita fluidez o agilidad, adquiere tintes dramáticos cuando en lugar de ayudarnos es nuestro freno, nos pone límites o palos en las ruedas.
Y es que las limitaciones, los quebraderos de cabeza y las mil y una vueltas que se tienen que dar para gestionar, tratar o resolver cualquier cuestión con la administración pública se acercan a lo absurdo. A lo absurdo de en lugar de ayudarnos a producir y competir más y mejor, nos limita con perdida de tiempo, imposiciones o limites para podernos desarrollar normalmente. Así, puedo decir sin riesgo de equivocarme, que muy especialmente en nuestro querido país, la burocracia, se torna en burrocracia, y de las grandes.







