
Suena fuerte. Pero es exactamente lo que pienso. Desde la captura de relevantes etarras en el sur de Francia este año, los jueces han desatado una seri de actuaciones contra el sector empresarial vasco: han sido detenidos empresarios, altos directivos de primeras firmas y registradas relevantes empresas. Todo ello bajo la sospecha de que colaboraron con la banda terrorista, aceptando pagar el mal llamado impuesto revolucionario.
Pues en principio, y partiendo de la presunción de inocencia, entiendo que todos ellos, de haber pagado lo han hecho bajo un miedo insuperable, coaccionados por amenazas muy solidas. No se trata de un chantaje sin más, se trata de algo muy sólido, y la empresa y el empresario son blancos fáciles en caso de no pagar. Entre otras cosas, debido a que el mismo aparato policial y judicial que les persigue ha sido incapaz de garantizar su seguridad, de acabar con el terrorismo tras décadas.
Llegado este punto, no se si soy el único que hace las siguientes reflexiones:
Es curioso como, a pesar de la evolución de nuestra sociedad. Hace años, cuando un empresario era víctima de la extorsión, de la violencia, se decía que algo habría hecho, que total era un empresario, que pertenecía a una clase que explotaba a los obreros. Hoy, las formas han cambiado, pero en el fondo se le sigue exigiendo que se busque la vida, pero eso si, que lo haga como un héroe. Difícil, muy difícil ser empresario en este país. Y en algunas zonas aún más.
Vía | Noticias de Gipuzkoa
Imagen | DuckBrown