El arte del regateo y la personificación de la negociación

El arte del regateo y la personificación de la negociación
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Wordlexis os argumenta en este post que que hay que fijar un precio definitivo de venta, inamovible y tener clara esa postura, tanto para comprador como vendedor. Es más, focaliza toda la situación en el sector inmobiliario, que es el típico donde ocurren este tipo de negociaciones desde el precio inicial al precio efectivamente pagado.

Tenemos diferencias de idiosincrasia, también lo apuntábais algunos lectores en comentarios, la vertiente mediterránea de los negocios frente a la Atlántica, o las posiciones del norte frente a las del sur. Yo soy del sur y no concibo una transacción inmobiliaria sin una renegociación previa sobre el precio de salida.

Vamos a ir destripando por partes la entrada de nuestro compañero:

Es un juego sólo apto para ludópatas o gente propensa al riesgo si de lo que se trata es de adquirir bienes de importante valor. Estaréis de acuerdo conmigo que un bien cuya característica principal es ser de inversión, no puede depender de ese factor.

No estoy de acuerdo en el punto que un bien inmobiliario es siempre una inversión. Si es la compra de la primera vivienda, es un bien de necesidad, no para especular con él y mejorar rendimientos futuros, por lo que siempre es obligatorio intentar abaratar su precio de todas las maneras habidas y por haber, si ese inmueble se ajusta a mis preferencias

Por otra parte, si hablamos de inversión, extrapolemos al mecanismo de negociación bursátil. Compras barato para vender caro (si hablamos de acciones, claro) y tu fijas unos precios por debajo de los que se pueda encontrar el mercado. ¿Es el arte del comercio una ludopatía? Creo que no, Wordlexis, es la propia esencia del comercio, de la negociación, de potenciar al máximo nuestras habilidades tanto físicas como dialécticas.

Es una incongruencia en la que estamos inmersos y de la que son causantes tanto particulares como empresas y de la que creo que hay que salir inmediatamente. A raíz del razonamiento se me ocurre una máxima: “Si a la falta de confianza se le suma la falta de objetividad, la crisis está servida.”

Esta falta de objetividad en la fijación de precios del mercado inmobiliario es latente de todas las épocas, tanto las de bonanza como las actuales. Son sucesos independientes, porque el vendedor sabe a ciencia cierta cual es el precio mínimo que está dispuesto a aceptar por una venta, y el comprador puede ajustar cuanto quiere pagar. No podemos culpar al propio mecanismo de fijación del precio definitivo a la sobrevaloración que tienen los inmuebles en la actualidad.

Como detalle, he hecho algunas (bastantes) operaciones de compraventa inmobiliaria y he rechazado algunas compras por la fijación definitiva del PVP y la imposibilidad de no negociar muchos puntos. Las compras importantes requieren negociación, regateo, ajustes de los valores…. A este juego es el que yo estoy acostumbrado y creo que debe permanecer así, aunque creamos que somos mercados subdesarrollados.

No es mejor mercado el mercado estricto, si no aquel que más se mueve. Recordemos que en una transacción comercial obtienen beneficio ambas partes, y ello no implica que sea ni mejor ni peor mercado porque el precio final sea un punto negociable entre las partes.

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